Grado: Décimo
Tema: Asume una posición de los derechos humanos y sociedad
tecnológica que lo rodea
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1. Cual es el impacto ético de la tecnología
2. Por qué la familia y la escuela pierden fuerza
socializadora al mismo tiempo que la ganan los medios de comunicación
3. De quien es la responsabilidad legal
4. Con quien tiene que ver los grandes problemas a
nivel mundial
5. Medios de comunicación, responsabilidad,
educación, socialización
6. Cual es el gran desafío de los educadores
–padres, profesores, responsables y comunicadores
7. Que es socialización y medios de comunicación
8. Cómo es la sociedad en su totalidad, según
durkheim
9. Cómo es segundo nivel de socialización, en el que
los más jóvenes se incorporan al proceso.
10. ¿Por qué las escuelas obligan a los niños a estar
callados
11. Que comenta el texto de
pasividad en la participación ciudadana
12. Los grandes poderes económicos organizan la
información mundial
13. Cuál es la
responsabilidad de la educación
14. Cuál es la
responsabilidad de los padres se familias
15. Cuál es la
responsabilidad de los medios
16. Cuál es la pasividad de
la participación ciudadana
17. De una opinion personal del tema.
La familia y la escuela pierden fuerza
socializadora al mismo tiempo que la ganan los medios de comunicación. Esta
realidad implica un desafío para los padres, la familia y la administración
pública ya que la responsabilidad socializadora es, por igual, de todos los
agentes sociales, también de quienes detentan el poder de los medios de
comunicación y de las grandes cadenas de televisión. Nadie duda de la
responsabilidad legal de los medios de comunicación pero poco se habla de su
responsabilidad moral y socializadora, de la importancia que sus mensajes y
actuaciones poseen para quebrar la pasividad, para incitar a la participación
ciudadana. Se hace urgente e imprescindible unir esfuerzos para que los
grandes problemas del mundo en el siglo XXI, que generalmente tienen que ver
con la solidaridad y el respeto, tanto hacia las personas como hacia el medio
ambiente, estén presentes con criterios de interés global en los medios
de comunicación.
Family and
school are losing their influence in socialization, while the media gains
more and more. This reality means a challenge for parents, for the
family, and for the public administration, since the responsibility for
socialization is shared equally among all social agents, and also by those
who wield power in the media and the large television networks. No one
questions the legal responsibility of the media, but little is said about
their responsibility in morality and socialization, of the importance of
their messages and actions in breaking from passivity and stimulating citizen
participation. It has become urgent and essential to unite our forces
so that the great world problems of the 21st century—largely
having to do with solidarity and respect, both toward people as well as
toward the environment—are present in the media with criteria that favor
global interests.
Medios de Comunicación, responsabilidad,
educación, socialización
The media, responsibility, education, socialization
Con rapidez y vertiginosidad se aprecia cómo el
mundo es invadido por los medios de comunicación de masas, que cobran una
relevancia especial gracias a los avances tecnológicos. Lo que hasta hace muy
poco tiempo se encontraba en carteles y vallas publicitarias, hoy se ha
trasformado en pantallas que han invadido el mundo y que, desde la llegada
del cine, a finales del siglo XIX, cambian la fisonomía de la sociedad, se
adueñan de grandes superficies y de los ámbitos más reducidos e íntimos, pues
hay para todos los gustos y de todos los tamaños, inmensas, grandes y muy
pequeñas, algunas de ellas diminutas, que se introducen en los domicilios a
través de la televisión, de los teléfonos móviles, de los ordenadores y
de los videojuegos, o se llevan de viaje, de la misma forma en que antes se
llevaba un libro o una revista.
El gran desafío de los educadores –padres,
profesores, responsables y comunicadores- es adquirir la fuerza suficiente
para, en un principio, utilizar el poder icónico y emotivo de los medios de
comunicación y de las nuevas tecnologías con finalidades educativas, y al
mismo tiempo, proponer a los educandos –alumnos y sociedad en general- las
posibilidades educativas y didácticas suficientes como para convertir la
fuerza de la televisión y su mensaje, en un vehículo e instrumento
imprescindible de búsqueda de información, de apreciación de la realidad y de
puerta a la investigación. (Martínez-Salanova, 2005).
Socialización y medios de comunicación
La socialización es un proceso por medio del cual
el ser humano adquiere la experiencia de interrelacionarse con los demás,
adquiriendo en dicha experiencia aptitudes y conocimientos que le permitirán
desenvolverse en la sociedad. La socialización, que se integra en los
individuos fundamentalmente de forma inconsciente, hace que éste vaya
adaptándose al medio donde vive, perciba los cambios sociales, conviva con
los demás miembros de su grupo humano, y respete y sienta afecto por sus
pares. Al no poder integrarse los individuos en su totalidad de una forma
espontánea, ya que los hechos sociales son exteriores a él y se dan en cada
ser humano por cauces diferentes, la misma sociedad o grupo humano crea los
mecanismos educativos necesarios para homogeneizar los elementos comunes de
la cultura y del saber de dicho grupo y asegurarse así una socialización
mínima semejante en todos sus miembros.
La sociedad en su totalidad, según Durkheim
(2003), es agente de socialización, cada persona con quien el individuo entre
en contacto es en cierto modo un agente. El comienzo natural del proceso para
cada niño recién nacido es su inmediato grupo familiar, el más importante en
los comienzos, pero que pronto se amplia con otros grupos humanos de
relevancia capital. No obstante, la familia es un nexo muy importante entre el
individuo y la sociedad, ya que controla el lugar en el que sus hijos se
educan, trasfiere a los descendientes las propias creencias, pensamientos y
valores y selecciona el lugar de educación de y los medios de comunicación
con los que se relacionan sus vástagos.
El segundo nivel de socialización, en el que los
más jóvenes se incorporan al proceso de recrear, vivir, reproducir y
transformar la cultura familiar más cercana, es el que gestiona el sistema
educativo, desde los primeros años de escuela hasta la universidad. «La
interacción social es importante en clase. Los niños deben hablar con otros,
compartir sus experiencias. ¿Por qué las escuelas obligan a los niños a estar
callados, dando como resultado una situación de autoridad y aburrimiento.»
(Piaget, 1999). La socialización que pretende la educación oficial, o debe
pretender, no es el cumplimiento más perfecto y complejo de los procesos de
socialización adquiridos en los primeros años de vida, sino ofrecer a niños y
jóvenes la posibilidad de cuestionar la validez antropológica de los influjos
sociales, de reconocer y elaborar alternativas y de tomar decisiones con
cierta autonomía en función de las realidades del presente. Sin embargo, la
capacidad socializadora que la escuela tenía hace unos años, ha disminuido
sustancialmente. No es el caso de analizar en este lugar las causas, algunas
de las cuales tienen que ver con la presión familiar y del entorno próximo, y
sobre todo las que ejerce la televisión y, cada vez más, los juegos
informáticos y la inmediata comunicación a través de los teléfonos móviles.
La televisión socializa porque ayuda a crear
costumbres, lo más profundo de los elementos culturales de una sociedad, y
pone en cuestión los sistemas educativos formales e informales y perjudica
notablemente las relaciones interpersonales y familiares.
En el espectador de televisión, sobre todo en los
más pequeños, se aprecia la dualidad que se crea entre la realidad y la
ficción. Se ven seguidamente escenas reales y ficticias, sin discriminar la
violencia auténtica de la falsa, la realidad de la ficción y se representan
estereotipados los roles sociales, étnicos, sexuales y profesionales. La
intensidad con la que se vive el problema de la televisión puede llevar a dos
consecuencias radicales: Creerlo todo, introduciéndose falsamente en un mundo
de esquizofrenia, creando en quienes se exponen a sus emisiones durante al
menos cuatro horas al día un «desplazamiento de realidad», identificando lo
que ven en la pequeña pantalla con lo que les rodea, o pasar por encima de
todo, adjudicándose la conciencia angelical de que no sucede nada importante.
(Martínez- Salanova 2005)
La responsabilidad de la familia
La familia, ni puede rechazar por sistema los
medios como un mal, ni debe dar la espalda a una realidad cultural y social
que se ha introducido en los hogares y que aporta diversión, entretenimiento
y formación. Sin embargo, aunque es la familia quien tiene la primera
responsabilidad –lo he escrito en multitud de artículos en los últimos años-
no solamente de cuidar el uso de los medios, tiene el derecho de
plantearse otras metas para su utilización educativa e ir más allá, exigiendo
medidas a las diversas administraciones, ya sean locales o autonómicas.
La familia no debe cerrar los ojos a lo que hacen
sus hijos y debe continuar su exigencia crítica ante los medios. Su
responsabilidad es educadora, empleando los elementos de didáctica familiar
que correspondan, ya que los niños y jóvenes, pueden sufrir en gran medida la
influencia física, psíquica y consumista de los medios. El aprendizaje
necesario para que las familias sean capaces de utilizar con equilibrio la
televisión, supone un esfuerzo completo de todos sus integrantes,
especialmente de los padres.
Una salida es -a largo plazo- el que los
espectadores -consumidores- ejerzan su derecho de intervención y logren
mejorar la calidad de la programación. Para ello es preciso implicarse como
familia consumidora de imagen en la formación personal hacia medios y
mensajes y procurar que los sistemas educativos, familiares, regionales,
estatales y sociales, hagan inexcusable un diseño de enseñanza- aprendizaje
en el que se consideren los medios de comunicación y su análisis crítico
(Peralta, 2005). Se puede y debe exigir a las productoras de televisión, sin
que ello evite la responsabilidad formativa de la familia, que mejoren y
cuiden los contenidos y los horarios de emisión, que controlen de forma
eficaz la calidad de sus programas.
La responsabilidad de la educación
En cuanto a la educación en medios, llevamos una
década de programas y proyectos institucionales centrados en lo tecnológico,
¿por qué se potencia tan poco la educación en medios, lo que supone una
alfabetización audiovisual y digital? Pienso que por la misma razón de que es
más fácil instruir que educar, por la misma razón que confundimos tecnología
con máquinas, olvidándonos que el cerebro es la materia prima de la
tecnología, por la misma razón que en educación trabajamos sin tener en
cuenta los objetivos, ni la de necesidad de planificar los procesos, ni
utilizar los recursos - incluidos los audiovisuales, informáticos y
mediáticos- en función del mismo proceso, por la misma razón de que
desistimos de la reflexión, del pensamiento, de la filosofía y buscamos
lo rápido, el último grito, la moda. El sistema educativo, en concreto los
profesores, deben estar al día en lo que aportan los medios y las nuevas
tecnologías, en la utilización didáctica de los mismos y en las posibilidades
pedagógicas y formativas que entrañan, sin dejarse subyugar por lo inmediato,
lo rápido y lo vertiginoso: Un ejemplo, se confunde estar al día con disponer
de la última versión de Windows, del último juego informático o del móvil de
última generación, cuando la capacidad de estar al día se debiera manifestar
en la actitud de búsqueda de nuevas formas de investigar la realidad para
acercarse a ella, de detección de nuevos problemas y de la búsqueda creativa
de sus soluciones, de aplicar nuevas fórmulas educativas y didácticas para
que los ciudadanos se hagan con la tecnología y no, como sucede en muchas
ocasiones, dependan de ella.
La administración educativa, por ello, debe
proponer en serio la adaptación, competente y honesta del profesorado, basada
en su eficacia didáctica y pedagógica, que implique a toda la comunidad
educativa. Al contrario, vemos que es más cómodo para el sistema educativo
enseñar programas informáticos, muchos de ellos de usar y tirar, que educar
para y con los medios, integrados en una sociedad educadora. Se promete que
en breve plazo habrá un ordenador por cada dos alumnos, se hace un inmenso
gasto en material tecnológico, pero escasa inversión en formación de los
profesores, escasamente se investigan nuevos planteamientos didácticos, y en
ocas ocasiones se dedican dineros, espacios y tiempos formativos en interesar
a los profesores en estas materias y dotarlos de herramientas útiles,
didácticas, de investigación y de formación personal. La alfabetización
audiovisual, clave para moverse hoy día en el mundo, y necesaria también en
el uso de las nuevas tecnologías, brilla por su ausencia tanto en los
profesores, generalmente desconocedores de ella y de su importancia
educativa, como en los alumnos. Es necesario dedicar más tiempo y esfuerzo a
las nuevas didácticas, su investigación y transmisión, didácticas especiales
que tengan que ver con la totalidad de los medios y también con las nuevas
tecnologías.
En resumen, pienso que se potencia poco la
educación en medios, fundamentalmente por comodidad, de los profesores y de
la misma administración. Los recursos del estado se dirigen más a lo
tecnológico que a lo educativo. La administración ha caído en la trampa de
diseñar sus programas, favoreciendo más la instrucción que la educación, a
pesar de que ésta es fundamental para el desarrollo pacífico, solidario y
creativo de la Especie Humana, y entraña también la instrucción).
Las responsabilidades de los medios
La responsabilidad de los medios de comunicación
en la socialización, sobre todo de los que se dejan acompañar por las nuevas
tecnologías, y sobre todo la televisión, es inmensa. Nadie duda de las
responsabilidades legales, amparadas por legislaciones internacionales y de
los países, que tiene que ver con la publicidad, con los derechos humanos, en
ocasiones con los horarios de difusión y con los contenidos. Poco se habla de
las responsabilidades socializadoras.
Al ser productos fabricados por la especie
humana, se da por supuesto que los medios de comunicación están al servicio
de la mejora de la sociedad y de su cultura. Los medios de comunicación,
tienen la obligación social de ejercer la defensa del interés público, y
proteger a los ciudadanos, especialmente a los menores. Se hace necesario que
la responsabilidad socializadora, que la tiene, se haga consciente en quienes
detentan el poder de los medios, quienes definen programas y contenidos y
quienes tienen capacidad de decisión en las formas de presentación de sus
mensajes. Los medios de comunicación de masas son los grandes productores de
significación y sentido en las sociedades de masas y, por tanto, los grandes
mediadores en la percepción e interpretación de la realidad. Aparecen como
altavoces de la realidad social y son intermediarios/mediadores en la
comprensión e interpretación de la misma.
Las empresas que poseen las cadenas de televisión
se rigen por los mismos patrones de rentabilidad económica que el resto de
las industrias del país, detentando un poder importante en el espacio
individual, familiar y social capaz de intervenciones decisivas en la vida
política y económica, aunque sólo sea como control del resto de los poderes,
de forma parcialmente diferenciada en algunos medios. La prensa, por ejemplo,
es más bien mediador político, creador de opinión pública ciudadana, elemento
decisivo en la práctica política, planteando críticas hacia los poderes y
demandas de decisiones públicas de los gobernantes. El resto de los medios
canalizan y crean fundamentalmente la opinión pública cultural. La televisión
es, fundamentalmente, instrumento de cultura, trasmisora de modas y
comportamientos, de prejuicios y de valores. Al mismo tiempo que es uno de
los principales soportes de transmisión y difusión de obras y productos
culturales es creadora de tendencias y de pautas culturales, modeladora de
costumbres, difusora de ideas y opiniones y promotora de conductas sociales y
privadas.
Si las empresas televisivas son como cualquier
otra organización, debieran tener en cuenta aspectos comerciales y sociales
más simples, reglamentados con frecuencia por los estados o por organismos
internacionales. Quien fabrica lavadoras, por ejemplo, elabora un producto
del que se intenta vender el mayor número posible de unidades, sabe que su
venta está relacionada con su popularidad, que depende de su calidad, de su
servicio post venta, del entorno en el que se vende, etc. La empresa cuida
además que los artefactos se utilicen con cuidado, da instrucciones para que
se cumpla la normativa de seguridad, da garantía de que el producto es de
calidad y ante cualquier reclamación, al igual que los consumidores, es
amparada por la ley. Las empresas televisivas, sin embargo, que tanto
influyen en la cultura, en los valores y en los comportamientos de los
ciudadanos, que producen entretenimiento, información y cultura, buscan exclusivamente
la popularidad y por ende el cuanto más se vean sus programas, mejor, olvida
el servicio post venta, los posibles daños colaterales que puede producir y
el producto emitido solamente es cuantificable en su valoración por los
índices de audiencia, sin apenas control moral o social por parte de la
administración o de los consumidores.
Por todo ello, por su importancia, las cadenas de
televisión deben asumir sus propias responsabilidades. Los modelos
familiares, éticos, sociales y culturales que la televisión aporta, están muy
lejos de lo que es la familia en nuestra sociedad. Se consumen otros estilos
de vida y de costumbres; se integran diferentes y multiformes relaciones
familiares, éticas y sexuales. Las series que la televisión presenta, reproducen
situaciones por lo general estereotipadas, o muy lejanas a la realidad, por
lo que la juventud vive y reproduce la fascinación por lo desconocido.
Los medios de comunicación, para contribuir a la
responsabilidad socializadora compartida, deben aumentar sus relaciones con
los diversos sectores de la sociedad, con una diversificación de la oferta,
cuidando tanto a los niños como a los adultos en su programación y en sus
horarios de emisión. Se confunde en ocasiones horario de adulto con un
espacio en el que cualquier cosa vale y, si bien es cierto que el adulto
tiene capacidad de discriminación y puede elegir programas, cierto es también
que los miembros de la Especie Humana, todos, somos individuos en constante y
permanente formación, necesitados en todas las etapas de la vida de elementos
que nos permitan estar en constante maduración y aprendizaje.
La pasividad de la participación
ciudadana
Uno de los principales desafíos con los que se
encuentra la sociedad de la información es el deterioro de la participación
ciudadana. La sociedad del bienestar, la absoluta dependencia del estado para
conseguir cualquier beneficio, la delegación total de responsabilices en los
representantes populares, que piensan y deciden en nombre de todos, el gran
cambio producido en el mercado de trabajo y la rapidez con la que se suceden
los movimientos culturales y sociales, ha logrado en pocas décadas que los
individuos nos consideremos a la espera, en actitud distante y despreocupada
ante el futuro inmediato que vendrá, sin duda, aportando beneficios, y ante
un futuro lejano, que se pinta oscuro, contra el que no se puede luchar y que
otros tendrán que encarar. Con estas perspectivas, a pesar de las facilidades
de comunicación, el ciudadano se enclaustra en su pequeño entorno familiar y
social, dando la espalda a los problemas del mundo y volviéndose cada día más
solitario.
Los grandes poderes económicos organizan la
información mundial y la dan digerida a los ciudadanos, que la leen, la
entienden y asimilan sin cuestionar. Ante los medios, se asumen posturas
pasivas, alienadas, que no implican al individuo y son escasamente
participativas. Es de ineludible importancia que los ciudadanos tomen
conciencia de sus responsabilidades. Para ello, los medios comunicativos
deben adquirir el compromiso de levantar al ciudadano de su apatía,
proponiendo y sugiriendo actitudes activas y participativas. Las cadenas de
televisión, sobre todo, deben tomar conciencia de su función educadora.
(Martínez-Salanova, 2005)
En cualquier sistema comunicativo el emisor es el
primero y principal responsable, quien debe pensar qué emite, a quién y con
qué consecuencias. No así los medios de comunicación, que casi su totalidad,
se desentienden de sus mensajes una vez emitidos, que dejan en manos del
espectador/cliente/usuario o lector la responsabilidad de decidir en qué
nivel consciente establece la reflexión crítica, el aprendizaje creador, la respuesta
activa, la promoción de su individualidad, su rescate como sujeto digno, no
sometido a los caprichos y avatares de la televisión y a la dictadura de las
pantallas.
La televisión aborda infinidad de problemas
interesantes que podrían servir para realizar una reflexión sobre ellos,
aportar elementos conceptuales para su conocimiento y aumentar nuevos niveles
de apreciación y puntos de vista para establecer debates respetuosos y
flexibles. Sin embargo, dado su ínfimo grado de respuesta crítica la televisión,
en general, dada su necesidad de aumentar el nivel de audiencia y la escasa
responsabilidad de los promotores, los presenta de forma malsana y trivial,
en debates crispados insultantes y de creciente morbosidad, oculta la
importancia de los problemas, que prostituye o banaliza. En otras ocasiones,
la imagen sustituye o enmascara el contenido, la violencia planificada de los
debates impide la reflexión seria y la intromisión innecesaria en la
intimidad de las personas, a las que retira toda posibilidad de dignidad y
respeto, arruina los posibles beneficios que para la sociedad pudiera
proporcionar el tratamiento televisivo.
La responsabilidad de los agentes
sociales
Los agentes sociales se lanzan la responsabilidad
educativa de unos a otros. Los profesores y la escuela en general afirman en
muchas ocasiones que no tienen por qué suplir el trabajo de la familia. La
familia, no se entiende con la escuela ni la apoya. Todos, la sociedad en
general, la escuela y la familia, culpan en gran medida a la televisión de la
pérdida gradual de los valores mientras deja los hijos a su cuidado.
Las grandes cadenas, por otra parte, no atienden
a su responsabilidad socializadora y dejan en manos de la familia el control
de los horarios en los que sus hijos están ante el televisor.
La administración del Estado, mira para otro lado
cuando las cadenas incumplen sobre horarios y contenidos en horarios
infantiles, se olvida de que los profesores necesitan apoyo y formación para
tomarse en serio la televisión como elemento socializador y deja, igualmente,
en manos de los padres la totalidad del problema. (Martínez-Salanova, 2005)
Nos encontramos en un mundo globalizado en todos
sus aspectos, en el que los compromisos deben ser compartidos. No es posible,
por tanto, alejar responsabilidades, los agentes sociales no pueden
dejar de asumir lo que solamente se puede solucionar entre todos. Por una
parte, somos conscientes de que el papel que la televisión tendrá en el
proceso de socialización de las generaciones que nos continúen dependerá del
cambio que se produzca en la familia y en la escuela. Una de las
responsabilidades de la escuela y de la familia debe ser la de promover un
uso crítico y reflexivo de los medios de comunicación, y especialmente, de la
televisión, promover ámbitos o contextos cognitivos en los que predominen la
experimentación y la creatividad, en el que los niños, desde pequeños, estén
cerca del mundo de las imágenes y de los procesos productivos de las mismas,
desmitificando los medios desde su interior, a partir del debate responsable,
del trabajo en equipo y de las relaciones sociales. Al mismo tiempo, se debe
exigir a la administración que cumpla sus compromisos de control de los
medios de comunicación en lo que tiene que ver con programas y horarios infantiles,
con la utilización de la publicidad y con la intromisión excesiva en la
intimidad.
Televisión educativa-televisión educadora
Sin embargo, es de suma importancia que las
televisiones acepten la responsabilidad de educar como misión ineludible e incuestionable.
En un mundo, como se decía más arriba, la responsabilidad del futuro es cosa
de todos, la televisión debe ser educadora.
Normalmente confundimos los conceptos: educador,
educativo e instructivo.
Lo instructivo tiene que ver con los conocimientos
o movimientos que se aprenden mecánicamente. Para que sean educativos, estos
aprendizajes deben poseer algo más, que sean significativos, que estén en un
contexto más amplio, que el que aprende los inserte en un entorno, que
asimile los valores del aprendizaje, etc. Un documental puede ser
instructivo, pero si no está dentro de un contexto, si no se adapta el
lenguaje, las formas y los tiempos, a la edad de quien que se pretende sea
espectador, no será educativo (Martínez-Salanova 2007).
Para que una televisión sea educativa, debe tener
intencionalidad educativa. Propósitos y objetivos claros, definición de la
audiencia a la que va dirigida y por ende adecuación de los métodos,
lenguajes y estructuras a ella (Martínez-Salanova, 2005). Algunos intentos de
la televisión pública y de algunas televisiones autonómicas, han tenido éxito
en este sentido.
Sin embargo, toda la televisión debe ser
educadora (no necesariamente educativa), pues nos encontramos en un mundo en
el que los problemas los debemos encarar entre todos. No es posible que las
televisiones, con la fuerza cultural y capacidad subyugadora que poseen entre
los ciudadanos, se desentiendan de esa responsabilidad. Una televisión
educadora es la que plantea, propone y estructura sus programas pensando en
que en el mundo hay problemas de todos y que hay que colaborar en crear
corrientes de opinión y de debate para que los ciudadanos busquen también su
propia responsabilidad.
Una necesidad: Consensuar entre los
agentes sociales un itinerario de actuaciones, unos objetivos y un programa
de trabajo
¿Por qué no unirnos en el trabajo común de hacer
una televisión que sirva a todos? ¿Podría darse un compromiso educativo entre
la familia, la escuela y la televisión?
En las conclusiones del seminario de expertos de
Santiago de Compostela hay pistas para algunas de estas líneas de trabajo:
A la administración educativa le sugiere: «crear
la figura de un profesor o profesora responsable de comunicación audiovisual
y multimedia en todos los centros educativos, con las funciones de fomentar
la educación en comunicación audiovisual en el centro y de optimizar los
procesos de enseñanza-aprendizaje mediante la incorporación de la
comunicación audiovisual y multimedia».
A las familias y Asociaciones de Consumidores:
«propiciar la creación de programas de formación para madres y padres en
colaboración con las AMPAS y asociaciones de consumidores con el fin de
contribuir a la formación permanente en el ámbito familiar y procurar el
encuentro entre hijos, madres, padres y profesionales de la educación».
A ayuntamientos y Corporaciones locales:
«promover la colaboración de las radios y televisiones locales en actividades
de educación formal y no formal encaminadas a la alfabetización audiovisual y
multimedia de la población».
A las cadenas de televisión: «reclamar de las
Administraciones incentivos a las empresas audiovisuales y editoriales para
establecer líneas de producción de programas audiovisuales e interactivos
adecuados para el desarrollo integral de la alfabetización audiovisual y
multimedia».
A las industrias del audiovisual: «las nuevas
formas de producción de mensajes destinados a las nuevas pantallas exigen que
las propias industrias del audiovisual y del multimedia contribuyan al
desarrollo de investigaciones que permitan avanzar en la promoción de la
educación audiovisual».
Propuestas
¿No podrían las televisiones proponer que las
formas y modos de los debates fueran menos violentos e hirientes y más
respetuosos con las opiniones de otros participantes?. Los moderadores, ¿no
podrían mantener mejor los niveles de interés con los propios contenidos y no
con el aumento de la agresividad, del insulto o de la descalificación?
Necesitamos como ciudadanos modelos de debate diferentes a los que vemos en
televisión, que por nuestra retina y oídos entren en nuestro cerebro maneras
diferentes de respetar la opinión, de dirigirse a otras personas, de mantener
un criterio…Con estas preguntas y comentarios intento explicar mi idea de la
televisión educadora. Hay magníficos temas tratados en televisión, en
programas que pierden su posible función educadora por sus modos
sensacionalistas, violentos e irrespetuosos.
El tema de la violencia en la televisión, también
es un ejemplo. No es tan peligroso presentar la violencia como no dar
posibilidades para rebatirla, debatirla o cuestionarla. Se han llenado páginas
de periódico y se han elaborado multitud de informes y de trabajos en
relación con la violencia en televisión. Sin embargo, hay más violencia en la
sociedad, en la familia, que en los programas de televisión. O el tema de la
discapacidad, que se trata al mismo tiempo que se oculta a los
discapacitados…
Debemos pedir a las cadenas coherencia al
presentar sus contenidos, pues es clave la forma de presentación para que los
contenidos tengan validez. Yo propondría a las televisiones, para que
aumenten su capacidad educadora, un cuidado especial en temas como el
medioambiente, la solidaridad, la paz y la violencia, la responsabilidad, la
tolerancia, el respeto a opiniones y culturas diferentes. Son temas básicos
en los que el mundo está de acuerdo. Y lo más importante: no está en que los
temas se traten, que ya se tratan, sino que se haga sin sensacionalismo,
apelando al compromiso de los espectadores, imbuyéndose las cadenas de estos
mismos proyectos, para que surjan con espontaneidad y naturalidad.
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